Qué ordenador nos conviene ahora que el teletrabajo ya no es solo una opción

El teletrabajo nos ha pillado por sorpresa. Tras la orden de confinamiento, cientos de miles de personas que estaban acostumbradas a desplazarse a una oficina, coworking o lugar de trabajo habitual, se tuvieron que montar la oficina en casa con un ordenador y una conexión a internet para continuar realizando su labor profesional.

Los datos son claros: según Eurofound, en España un 30,2 % de los trabajadores empezó a teletrabajar a causa de la crisis sanitaria y posterior estado de alarma decretado por el Gobierno. En otros países europeos esta cifra es incluso superior, en Finlandia subía incluso hasta un 59 %. A día de hoy, el teletrabajo sigue siendo una modalidad vigente y aceptada con una naturalidad creciente tanto por los empleados como por las empresas.

Las implicaciones de la pandemia en el trabajo han sido y serán proporcionales a la magnitud de la crisis sanitaria. Por ejemplo, la desmovilización laboral internacional ha hecho que muchos trabajadores hayan tenido que volver a sus países de origen, o que ya se plantee el teletrabajo como una modalidad obligatoria para el desarrollo de una actividad profesional y regulada por ley.

La legislación aún está por definir, aunque en España se avanza en una próxima Ley de Trabajo a Distancia donde se regulen aspectos como a cargo de quién quedan los costes de conexión, ocupación del espacio doméstico para trabajar o la financiación de los costes derivados de compra de equipos o herramientas para el teletrabajo. El anteproyecto de ley que lo regulará seguirá elaborándose en septiembre.

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